Surge una nueva coalición para superar el estancamiento de la ONU en materia de eliminación de combustibles fósiles

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En una medida sin precedentes para romper el estancamiento diplomático en torno a la política climática global, aproximadamente 60 naciones se están reuniendo en Santa Marta, Colombia. Esta reunión marca el primer esfuerzo coordinado de un grupo de países para planificar una transición estructurada para alejarse del carbón, el petróleo y el gas, un objetivo que se ha estancado repetidamente durante las cumbres climáticas de las Naciones Unidas.

Rompiendo el ciclo del “veto”

Durante años, el principal mecanismo para la acción climática global han sido las cumbres anuales COP (Conferencia de las Partes) de la ONU. Sin embargo, estas reuniones operan según un principio de consenso, lo que significa que un solo gran productor de combustibles fósiles puede vetar efectivamente cualquier decisión colectiva. Esta falla estructural quedó al descubierto en la COP30 en Brasil, donde las negociaciones para una hoja de ruta para los combustibles fósiles colapsaron porque varias naciones productoras de petróleo se negaron a aceptar los términos.

La reunión de Santa Marta representa un cambio estratégico en la diplomacia. En lugar de intentar forzar un consenso global que tal vez nunca llegue, esta “coalición de dispuestos” apunta a crear un plan funcional para la transición que eventualmente pueda expandirse.

Participantes clave y poderes faltantes

El grupo que asiste a las conversaciones colombianas es importante, ya que incluye a varios productores de energía importantes como Colombia, Australia y Nigeria. Juntas, estas naciones representan aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de combustibles fósiles.

Sin embargo, la coalición enfrenta un desafío enorme: actualmente excluye a las economías y consumidores de energía más grandes del mundo, específicamente:
Estados Unidos
China
India

La ausencia de estos tres gigantes significa que, si bien la coalición puede sentar un precedente, su impacto inmediato sobre las emisiones globales será limitado hasta que estas grandes potencias se unan al redil.

La urgencia: ciencia y geopolítica

El impulso para esta reunión está siendo impulsado por dos presiones convergentes: la necesidad ambiental y la inestabilidad geopolítica.

1. El punto de inflexión climático que se acerca

Los científicos del clima advierten que se está cerrando la ventana para evitar daños irreversibles. El profesor Johan Rockström, del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, señala que es probable que el mundo supere el límite de calentamiento de 1,5°C en los próximos tres a cinco años.

“Superar los 1,5°C significa entrar en un mundo mucho más peligroso, con sequías, inundaciones, incendios y olas de calor más frecuentes e intensas”, advierte el profesor Rockström.

2. Seguridad y volatilidad energética

Más allá de la crisis ambiental, los conflictos globales (particularmente en Medio Oriente) han puesto de relieve los riesgos inherentes de la dependencia de los combustibles fósiles. La reciente volatilidad en el Estrecho de Ormuz ha provocado que los precios del petróleo fluctúen, lo que ha llevado a muchas naciones a darse cuenta de que la independencia energética está ligada a la energía renovable. Este cambio ya es visible en el comportamiento del consumidor; por ejemplo, ha habido un fuerte aumento en la demanda de vehículos eléctricos en Europa a medida que la gente busca desvincularse de los volátiles mercados del petróleo y el gas.

Mirando hacia el futuro: De Santa Marta a la COP31

El objetivo de esta reunión no es reemplazar el proceso de la ONU, sino complementarlo. Al demostrar que una transición hacia la energía limpia es técnicamente factible y económicamente segura, la coalición espera influir en los “indecisos” entre las naciones del mundo.

Se espera que los resultados de Santa Marta desempeñen un papel vital en la hoja de ruta que está desarrollando Brasil. Esta hoja de ruta servirá como base fundamental para la próxima COP31 en Turquía el próximo noviembre.


Conclusión
Al formar una coalición especializada, estas 60 naciones están intentando sortear la parálisis diplomática de la ONU para crear una hoja de ruta práctica para la transición energética. Si bien la exclusión de las principales potencias sigue siendo un obstáculo, el movimiento busca demostrar que un cambio hacia las energías renovables es el camino más viable tanto para la estabilidad climática como para la seguridad energética nacional.