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La trampa del atún: cómo el cambio climático amenaza la supervivencia económica de Kiribati

Para la nación de Kiribati, el océano no es sólo un paisaje: es toda la base económica del país. Si bien la masa continental del país es aproximadamente del tamaño de la ciudad de Nueva York, su Zona Económica Exclusiva (ZEE) es un gigante marítimo, que abarca más de 3,4 millones de kilómetros cuadrados. Este vasto territorio brinda acceso a algunas de las poblaciones de atún más abundantes del mundo, lo que convierte a la industria pesquera en el alma de la nación.

Sin embargo, esta dependencia del mar ha creado una profunda vulnerabilidad. A medida que el cambio climático altera las temperaturas del océano, el mismo recurso que sustenta a Kiribati está comenzando a migrar, amenazando tanto el presupuesto nacional como la seguridad alimentaria local.

Una nación construida sobre licencias de pesca

Kiribati posee un perfil económico único caracterizado por una especialización extrema. A diferencia de muchas naciones que pueden apoyarse en la agricultura o la manufactura, Kiribati casi no tiene recursos terrestres para explotar.

Las matemáticas económicas son crudas:
Dependencia de los ingresos: Las licencias de pesca vendidas a flotas extranjeras (principalmente de Japón, China, EE. UU. y la UE) representan aproximadamente el 70 % de los ingresos del gobierno.
Impacto en el PIB: Este ingreso representa aproximadamente dos quintas partes del PIB total del país.
Importancia global: El Pacífico central occidental es una potencia mundial; Los expertos estiman que más de la mitad del atún que se encuentra en las latas de los supermercados en todo el mundo proviene de esta región.

Solo en 2024, Kiribati generó 137 millones de dólares de estas licencias. Para una nación donde el punto más alto de la tierra suele estar a sólo dos metros sobre el nivel del mar, estos ingresos son el “salvavidas financiero crítico” necesario para financiar los servicios públicos y la infraestructura.

El riesgo de la migración: avanzando hacia aguas más frías

La amenaza no es necesariamente que los atunes desaparezcan, sino que se desplacen. El atún es muy sensible a los cambios de temperatura y reacciona a cambios tan pequeños como una décima de grado Celsius.

A medida que las aguas cálidas avanzan por el Pacífico, los modelos científicos sugieren una migración masiva hacia el este. Se espera que el atún huya de las aguas de Kiribati en busca de temperaturas más frías y se desplace hacia el este. Este cambio crea una doble crisis:

  1. Volatilidad económica: Si el atún abandona la ZEE, las flotas extranjeras ya no tendrán que pagarle a Kiribati para acceder. Los modelos preliminares sugieren que el país podría perder más de 10 millones de dólares en tarifas anuales para 2050 en escenarios de altas emisiones.
  2. Inseguridad alimentaria: Las poblaciones locales dependen en gran medida del pescado para obtener proteínas. La persona promedio en Kiribati consume aproximadamente 100 kg de pescado al año, eclipsando las tasas de consumo de Estados Unidos (9 kg) o Japón (22 kg). Una disminución de las existencias locales obliga a depender de alimentos importados, caros y menos nutritivos.

Buscando resiliencia en un océano cambiante

La situación presenta una carrera contra el tiempo. Si bien los escenarios de altas emisiones plantean un riesgo catastrófico, los modelos del “mejor de los casos” sugieren que unas emisiones globales más bajas podrían estabilizar la biomasa del atún dentro de la ZEE. Sin embargo, incluso en estos escenarios optimistas, se espera que los pescadores locales vean una disminución en sus capturas diarias.

Para combatir estos cambios, se están llevando a cabo varias iniciativas estratégicas:

  • Fondo Verde para el Clima (GCF): Un proyecto de 156,8 millones de dólares está ayudando actualmente a 14 territorios del Pacífico a fortalecer la seguridad alimentaria y desarrollar mejores sistemas de alerta para predecir la redistribución del atún.
  • Diversificación económica: Kiribati está trabajando para reducir su “trampa de atún” mediante la exploración de nuevas fuentes de ingresos, incluido el turismo, la energía renovable y el aprovechamiento de su fondo soberano extraterritorial.
  • Adaptación basada en datos: Al mejorar la inteligencia marítima, el objetivo es permitir que el gobierno anticipe las crisis económicas antes de que ocurran.

“Kiribati mantiene motivos para el optimismo y las oportunidades estratégicas”, afirma Hemant Mandal, director del GCF para Asia y el Pacífico.

A pesar de estos esfuerzos, la realidad sigue siendo la misma: para una nación sin tierra a la que apoyarse, el movimiento de una sola especie de pez podría dictar el futuro de su soberanía.


Conclusión: La extrema dependencia económica de Kiribati del atún lo convierte en una víctima de primera línea del cambio climático. A medida que el calentamiento de los océanos empuja las poblaciones de peces hacia el este, la nación debe diversificar rápidamente su economía y reforzar la seguridad alimentaria para sobrevivir a un paisaje marítimo cambiante.

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