Cómo la precisión despiadada de Fritz Reiner redefinió la Sinfónica de Chicago

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Nacido en Budapest en 1888, Fritz Reiner no fue sólo un director de orquesta. Fue un arquitecto del sonido. Y construyó sus estructuras con una precisión aterradora. El maestro de origen húngaro murió en Nueva York el 15 de noviembre de 1963, dejando tras de sí un legado definido por una palabra: control.

Su acercamiento a la música sinfónica y la ópera fue despótico. Tenía que serlo. Sin ese agarre de hierro, la música se habría derrumbado por su propio peso. Exigió una precisión técnica que rayaba en lo inhumano. Sin embargo, los músicos lo respetaban por ello. Sabían que su maestría musical era perfecta. Su dominio era absoluto.

Esta tensión entre liderazgo autoritario y grandeza artística es la historia central de su carrera. No es una narrativa cómoda. Es la historia de cómo Fritz Reiner convirtió a la Orquesta Sinfónica de Chicago en una potencia mundial. Se desempeñó como director musical desde 1953 hasta su muerte en 1962. En esos nueve años transformó el conjunto. Se despojó del romanticismo de la época anterior. Lo reemplazó con claridad. Con exactitud. Con un sonido que cortaba el aire como el cristal.

De Dresde al vecino de Detroit

El camino de Reiner hacia Chicago no fue lineal. Fue un camino sinuoso a través de las instituciones musicales de élite de Europa. Estudió en la Real Academia de Música de Budapest. Se abrió camino a través de varios pequeños teatros de ópera europeos. En 1914 ya era director de la Ópera Real de Dresde. Ocupó ese cargo hasta 1921.

Luego vinieron los Estados Unidos. Llegó como director principal de la Orquesta Sinfónica de Cincinnati. Permaneció desde 1922 hasta 1931. Cincinnati fue su campo de pruebas. Es donde perfeccionó su estilo característico. Allí aprendió a exigir la perfección a jugadores que nunca antes la habían oído.

De 1931 a 1941 enseñó. Dirigió los departamentos de ópera y orquesta del Instituto Curtis de Música de Filadelfia. Enseñar es diferente a dirigir. Requiere paciencia. Reiner tenía poco de ambas cosas. Pero transmitió sus conocimientos. Inculcó en sus alumnos la misma obsesión por el detalle que exigía de los conjuntos profesionales.

Pittsburgh y el Met: probando las aguas

Antes de Chicago, Reiner probó sus métodos en otros lugares. Fue director musical de la Sinfónica de Pittsburgh de 1938 a 1948. Pittsburgh es una ciudad dura. Su orquesta fue dura. Reiner encajó perfectamente. Apretó el sonido. Refinó su técnica.

Luego vino la Metropolitan Opera de la ciudad de Nueva York. Dirigió el Met de 1948 a 1953. La ópera es más complicada que los conciertos sinfónicos. Hay cantantes. Hay acotaciones escénicas. Hay egos. Reiner controló todo. Manejó el caos con la misma fría lógica que aplicó a las partituras.

Los años de Chicago

Chicago fue su obra maestra. Cuando llegó en 1953, la orquesta era respetada pero no temida. Cuando se fue en 1962, era el mejor de Estados Unidos. ¿Cómo lo hizo? No se limitó a agitar su varita. Analizó la partitura. Reveló cada línea. Cada contrapunto. Cada dinámica