Cómo el Proyecto Manhattan construyó la bomba atómica en secreto

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Todo empezó con un telegrama. En 1939, un grupo de científicos estadounidenses observaron el frágil estado de Europa y se dieron cuenta de que la fisión nuclear no era sólo una curiosidad de laboratorio. Era un arma esperando a suceder. Convencieron al presidente Franklin D. Roosevelt para que escuchara. No arrojó dinero al problema de inmediato. Aprobó $6.000. Eso es todo. Apenas alcanza para cubrir el almuerzo de un equipo de doctores.

Pero la amenaza era real. La carrera estaba en marcha.

En 1942, el esfuerzo tenía un nombre. Proyecto Manhattan. El apodo proviene del sitio de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, donde comenzaron los primeros trabajos teóricos. Era un lugar burocrático para algo enorme. La ciencia avanzó rápido. La investigación se extendió a la Universidad de California y la Universidad de Chicago. Allí Enrico Fermi construyó el primer reactor nuclear. La masa crítica ya no era una metáfora. Fue un problema de ingeniería.

¿Dónde se construyó realmente la bomba?

No encontrarías el hardware en Nueva York. El levantamiento de objetos pesados ​​se produjo en tres lugares aislados. Los Álamos, Nuevo México, se convirtió en el centro del diseño. J. Robert Oppenheimer dirigió a los científicos hasta allí. Trabajaron en un desierto de gran altitud, diseñando los disparadores y la física.

Luego estaba el combustible. No se puede tener una bomba sin material fisionable. Oak Ridge, Tennessee, se enriqueció de uranio. Hanford, Washington, produjo plutonio. No eran sólo fábricas. Eran pueblos fantasmas con infraestructura secreta. Miles de trabajadores no sabían lo que estaban construyendo. Simplemente sabían que debían quedarse callados.

El proyecto empleó a 125.000 personas en su punto máximo. Un cuarto de millón de vidas, unidas por el secreto y la física. ¿El costo? 2 mil millones de dólares en dólares de los años 1940. Eso equivale a unos 30.000 millones de dólares en la actualidad. Una fortuna gastada para romper la naturaleza.

La prueba que lo cambió todo

Había que demostrar la teoría. En 1945, cerca de Alamogordo, en el sur de Nuevo México, el equipo detonó la primera bomba atómica. No fue sólo un incendio. Era una nueva era. El cielo se volvió blanco. El desierto se derritió.

El mundo no se acabó ese día. Pero cambió. El Proyecto Manhattan demostró que la humanidad podía aprovechar el poder del sol. También demostró que podíamos usarlo para destruir nuestras ciudades. La ciencia era sólida. La aplicación fue aterradora.

Todavía vivimos a la sombra de esa prueba. Los reactores, los laboratorios, los secretos: todos apuntan a una única pregunta. Sabíamos cómo hacerlo. Lo hicimos. Ahora tenemos que vivir con las consecuencias. La bomba reposa en el mundo como un arma cargada sobre una mesa. Todo el mundo sabe que está ahí. Nadie sabe quién apretará el gatillo a continuación.