Es raro. Es mortal. Y ahora mismo está en un barco.
El MV Hondius, un crucero de expedición en el Atlántico Sur, es la zona cero de una inusual crisis sanitaria. Tres pasajeros han muerto. Otros están enfermos. ¿El culpable? Virus de los Andes, una cepa específica de hantavirus.
La mayoría de los hantavirus se adhieren a sus huéspedes roedores. No quieren humanos. Pero éste es diferente. Puede saltar entre personas. No a través de una tos casual al otro lado de la calle. A través de un contacto cercano. Fluidos corporales. El tipo de intimidad que compartes con un miembro de la familia en una pequeña cabaña.
Los funcionarios de salud mundiales están observando de cerca.
No es tu error promedio
El hantavirus no es una sola cosa. Es una familia.
En las Américas, causa el síndrome pulmonar por hantavirus (SPH): insuficiencia pulmonar, fiebre alta y muerte si no se trata. En Asia, África y Europa, suele desencadenar fiebre hemorrágica con síndrome renal (HFRS): daño y sangrado renal. Estados Unidos tiene sus propios villanos: el virus Sin Nombre en Occidente, el virus de Nueva York en el Este. La tasa de mortalidad del HPS es elevada. Alrededor del 40% para casos graves.
¿Quién lo lleva? Pequeños roedores.
Te infectas al tocarlos. Comiendo lo que tocaron. Respirar aire espeso con orina seca o polvo de heces. Esa última parte sucede cuando barres en un cobertizo desordenado. Es un problema de aerosoles. Hasta ahora, los humanos eran en su mayoría callejones sin salida para el virus. Callejones sin salida que ocasionalmente lo transmitían, sí, pero rara vez lo suficiente como para causar sensación.
El virus de los Andes causa sensación.
¿Por qué cruceros?
Espacio.
Los espacios confinados aceleran la transmisión. En el Hondius, los pasajeros enfermos probablemente compartían camarotes con sus familiares. Muy cerca. Aire compartido. Toallas compartidas.
No confunda esto con la gripe o el SARS-CoV-2.
El sarampión vuela por el aire. Salta a través de conductos de ventilación. El virus de los Andes no. No está en el aire en el mismo sentido. El número reproductivo (R0) del SARS-CoV-2 alcanzó un máximo de 15 a 20 durante lo peor de la pandemia. ¿Andes? Menos de uno. Una persona infectada rara vez infecta a otra persona en circunstancias normales.
El barco cambió las matemáticas.
Entonces, ¿por qué esto importa fuera del océano?
“Los esfuerzos de salud pública y saneamiento… pueden crear una falsa sensación de seguridad”.
El mito rural
Pensamos en el hantavirus como un problema de granja. Roedores en el ático. Graneros. Silos.
En Estados Unidos, las estrictas medidas sanitarias mantienen a esos roedores fuera de los centros de las ciudades. Pero esa seguridad es una ilusión si viajas.
Fuera de los países desarrollados, el control de roedores no es tan estricto. El virus espera. No le importa tanto la geografía como el contacto. Si una habitación de hotel en Perú o una terminal de cruceros en Chile tiene una infestación de roedores, el riesgo no es teórico. Está ahí, en los excrementos.
¿Crees que estás seguro en la ciudad? Tal vez. Quizás no.
Las señales
Empieza como la gripe.
Fatiga. Dolores musculares. Fiebre. Mareo. Quizás dolor de estómago. Lo descartarías como una intoxicación alimentaria o un mal ciclo de sueño. Suele aparecer de 1 a 8 semanas después de la exposición. Esa ventana es lo suficientemente larga para que un barco cruce un océano.
Luego deja caer un martillo.
De cuatro a diez días después de que comienzan los síntomas, los pulmones tienen problemas. La tos se convierte en dificultad para respirar. Luego insuficiencia respiratoria. Este es el síndrome pulmonar por hantavirus mostrando sus dientes.
Las pruebas funcionan. Pero espere hasta 72 horas después de que comiencen los síntomas. Si realiza la prueba demasiado pronto, obtendrá falsos negativos.
Sin solución milagrosa
¿Existe una vacuna? No precisamente. No para los que nos golpearon.
Los hantavirus del Nuevo Mundo, como los de los Andes, no tienen una vacuna aprobada. Grupos de investigación están trabajando en ello. Tienen ideas. Pero todavía no hay nada en tu brazo. Existen vacunas del Viejo Mundo. Protegen contra las cepas euroasiáticas. No te ayudarán contra Andes.
El tratamiento es brutal y sencillo: apoyar al cuerpo mientras lucha. Ventilación mecánica. Intubación. Los mantienes vivos. Dejas que su sistema inmunológico haga el trabajo. Si sobreviven, tienen suerte. Si no… bueno, el barco continúa.
Una dura lección
Este brote debería doler.
No sólo para las víctimas. Para la industria.
Los roedores y los humanos no se mezclan bien en espacios cerrados. Pero ignoramos las señales de advertencia hasta que alguien está conectado a un ventilador. Los médicos suponen que es sólo gripe. Podría serlo. Puede que no lo sea.
Asumir que la tos es inofensiva es una apuesta. Y a veces gana la casa.
¿Qué pasa cuando el barco atraca? ¿Quién revisa el equipaje? ¿Quién hace las preguntas que no tienen respuestas fáciles?






























