Lea a Nicolson antes de ver el Homero de Nolan

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Homero te adquiere.

Al menos ese es el argumento. Adam Nicolson expone el caso en The Mighty Dead: Por qué importa Homero, una carta de amor a esos dos antiguos monstruos: la Ilíada y la Odisea. Con la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan en el horizonte, el momento es extraño. Esencial, tal vez. Si te importa el peso de la historia, necesitas contexto. Nicolson lo proporciona.

Tres hilos de polvo y tinta

El libro se mueve en tres direcciones distintas. Primero, Nicolson se pone filosófico. Trata a Homero no como un único fantasma sino como un coro que abarca generaciones, luchando con el choque entre civilización y depravación. La fascinación es generacional. John Keats amaba a Homero y su poema Endymion inspiró el título mismo. Alexander Pope lo tradujo, dejando mucho que desear, lo que dice más de la traducción que del texto original.

“Tú no adquieres a Homero; Homero te ADQUIERE a ti.”

Entonces el libro echa el ancla. Terreno real. Tangible. Nicolson analiza el texto griego y rastrea cambios lingüísticos que se remontan al Lineal B de la era micénica. Aboga por una fecha de composición anterior. Generalmente pensamos que los poemas se escribieron más tarde. Nicolson los lleva de regreso a la tradición oral, sugiriendo raíces tan tempranas como 2000-1800 a.C. ¿El texto estandarizado que leemos? Sólo la punta de un iceberg muy viejo.

La evidencia se encuentra esparcida por todo el antiguo Mediterráneo. No sólo palabras. Cosas.

Un papiro de Hawara en Egipto. Encontrado alrededor del año 150 d.C.
Un fragmento de cerámica de Ischia. Siglo VIII a.C., uno de los primeros fragmentos griegos escritos.
Las tumbas de pozo de Micenas. Hablan del mundo antes del colapso de la Edad del Bronce, ofreciendo un vistazo a un reino que Nicolson retrata no por su precisión histórica sino por su gravedad cultural. Estos eran mitos, claro, pero eran los mitos que conectaban a las personas con un pasado nómada y guerrero.

Fantasmas en los museos

A Nicolson le importa menos si Troya era real que el mundo que la soñó. Crea un retrato de una sociedad antigua donde el pasado no estaba muerto. Era una atadura viva.

Leer esto me recuerda a Creta. En concreto, el recorrido por el museo de luna de miel.

En Heraklion había un casco de colmillos de jabalí. Recuerdo la textura. En el Libro 10 de la Ilíada, Odiseo usa uno. Parece insignificante notarlo, pero cimenta el mito en el barro. En tierra.

The Mighty Dead sostiene que este mundo todavía nos rodea. No ha desaparecido. Si sabemos dónde buscar, los artefactos permanecen. Caminamos entre los restos.

La película está por llegar. Los cascos están en museos. El idioma es antiguo, pero aún se mantiene.

¿Tiene la pantalla de cine espacio para tanta profundidad? Tal vez. Quizás no. Ésa es una pregunta para otro día, cuando se enciendan las luces.