El ADN antiguo confirma las raíces profundas del vino en la historia de la humanidad

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Durante milenios, el vino ha sido una parte central de la cultura humana, desde las primeras representaciones de la cosecha de uvas en el antiguo Egipto hasta la reverencia romana por Dioniso. Pero, ¿cuánto ha cambiado realmente el vino con el tiempo y qué papel desempeñaron los humanos en la configuración de las uvas? Un nuevo e innovador estudio que utiliza ADN antiguo revela ahora una historia sorprendentemente consistente de la elaboración del vino, en la que algunos linajes de uvas persisten casi sin cambios durante más de mil años.

Elaboración temprana del vino en Francia: 650 a.C. y más allá

La investigación, publicada en Nature Communications, se centra en las semillas de uva, conocidas como pepitas, encontradas en sitios arqueológicos de Francia, una región fundamental para la producción de vino. Los científicos determinaron que los humanos estaban domesticando activamente las uvas para hacer vino ya en el año 650 a.C., coincidiendo con la llegada de los colonos griegos a la ciudad portuaria de Marsella. Esto sugiere una integración temprana y deliberada de la elaboración del vino en la cultura europea. Los verdaderos orígenes podrían ser incluso más antiguos, ya que la evidencia arqueológica está en constante evolución.

Esto es importante porque resalta cómo la elaboración del vino no fue una invención espontánea sino un proceso cultivado a largo plazo. El hecho de que la domesticación de la uva comenzara tan temprano muestra la importancia que ya tenía el vino en las sociedades antiguas, no solo como bebida, sino como alimento básico cultural y económico.

Variedades de uva sorprendentemente estables

Uno de los hallazgos más sorprendentes es la estabilidad genética de determinadas variedades de uva. Linajes como el pinot noir y el Folha de Figueira, un vino blanco portugués, se han mantenido notablemente consistentes durante siglos. Esto se debe a los meticulosos métodos de propagación, en los que se utilizan esquejes de enredaderas deseables para crear clones idénticos.

Como señala la genómica evolutiva Jazmín Ramos Madrigal: “Es alucinante pensar que los humanos hemos cultivado exactamente este mismo clon genético de una planta durante casi 1.000 años”. Esto es particularmente inusual en comparación con otros cultivos domesticados, que tienden a evolucionar más rápidamente mediante selección natural o reproducción deliberada.

Lo que esto nos dice sobre la influencia humana

El estudio demuestra cómo los primeros enólogos no seleccionaban simplemente por el sabor; también estaban preservando la estabilidad genética. La capacidad de mantener linajes de uva específicos durante períodos tan largos sugiere una comprensión profunda de la propagación de plantas y un compromiso cultural con la coherencia.

Esta investigación confirma que el vino no es sólo producto de la naturaleza, sino de la intervención humana deliberada durante miles de años. Los sabores que disfrutamos hoy son a menudo el resultado de decisiones tomadas por enólogos hace siglos.

La continuidad en la genética de la uva también plantea dudas sobre el impacto del cambio climático y las prácticas agrícolas modernas. Si los antiguos enólogos pudieron preservar la pureza genética durante milenios, ¿qué pasará con estos linajes frente a las condiciones ambientales que cambian rápidamente? El estudio proporciona una base histórica para rastrear cambios futuros y subraya la importancia de preservar la diversidad genética de las uvas.

En conclusión, esta investigación ofrece una mirada poco común a los orígenes antiguos del vino, revelando que muchos de los sabores que disfrutamos hoy tienen sus raíces en prácticas desarrolladas hace miles de años. La estabilidad de ciertos linajes de uva resalta el poder duradero de la selección humana y la notable continuidad de las tradiciones vitivinícolas a lo largo de milenios.