Durante décadas, el icónico Triceratops ha sido retratado como un herbívoro poderoso, cuyos cuernos y volantes han sido el foco del estudio paleontológico. Sin embargo, una investigación reciente ha revelado que la cavidad nasal de gran tamaño del dinosaurio no era sólo para oler: desempeñaba un papel fundamental en la regulación de la temperatura corporal y la respiración. Un equipo dirigido por el Dr. Seishiro Tada del Museo de la Universidad de Tokio ha trazado la anatomía de los tejidos blandos de estos dinosaurios con cuernos, desafiando suposiciones previas sobre sus estructuras craneales.
El rompecabezas de la nariz del Triceratops
La región nasal del Triceratops era inusualmente grande y los científicos luchaban por comprender cómo podían caber dentro de ella sus órganos internos. El equipo del Dr. Tada empleó tomografías computarizadas y anatomía comparada con reptiles modernos para reconstruir los tejidos blandos dentro del cráneo. Los resultados revelan que Triceratops tenía un sistema de “cableado” único para sus nervios y vasos sanguíneos, a diferencia de la mayoría de los reptiles en que estas estructuras llegan a las fosas nasales desde la mandíbula. En Triceratops, la forma del cráneo bloqueó esta ruta, obligando a los nervios y vasos a tomar una rama nasal. Esto sugiere que la estructura nasal evolucionó específicamente para acomodar la enorme nariz del dinosaurio.
Cornetes respiratorios: un descubrimiento clave
El estudio también identificó evidencia de cornetes respiratorios en Triceratops. Estas superficies nasales delgadas y curvadas aumentan el contacto entre el aire y la sangre, ayudando a regular la temperatura mediante el intercambio de calor. Si bien son raras en otros dinosaurios, estas estructuras son comunes en las aves y mamíferos modernos. La presencia de una cresta en la nariz del Triceratops, similar a donde se unen los cornetes de las aves, sugiere fuertemente que el dinosaurio usó esta característica para controlar su temperatura corporal, lo que habría sido especialmente importante dado el tamaño y el potencial de generación de calor de su cráneo.
Por qué esto es importante
Esta investigación llena un vacío crítico en nuestra comprensión de la fisiología de los dinosaurios. Los dinosaurios cornudos, incluido el Triceratops, se encontraban entre las especies más exitosas del Cretácico Superior, pero su anatomía nasal ha sido en gran medida pasada por alto. El descubrimiento de los cornetes respiratorios sugiere que el Triceratops no era completamente de sangre caliente, pero probablemente usaba sus estructuras nasales para mantener niveles estables de temperatura y humedad. Los hallazgos también subrayan lo poco que sabemos todavía sobre los tejidos blandos de los animales extintos, que a menudo se descomponen antes de la fosilización.
“Los dinosaurios con cuernos fueron el último grupo en tener tejidos blandos en la cabeza sujetos a nuestro tipo de investigación, por lo que nuestra investigación ha llenado la pieza final de ese rompecabezas con forma de dinosaurio”, afirmó el Dr. Tada.
Los estudios futuros se centrarán en la función de otras estructuras craneales, como el volante, para refinar aún más nuestra comprensión de estas magníficas criaturas. Esta investigación marca un importante paso adelante en la paleontología y demuestra que incluso los fósiles bien estudiados aún pueden contener secretos sorprendentes.






























