Mercedes-Benz Group AG llegó a un acuerdo histórico de hasta 150 millones de dólares con casi todos los estados de Estados Unidos por acusaciones de que utilizó “dispositivos de anulación” ilegales para manipular las pruebas de emisiones de diésel. El acuerdo cierra una faceta más del escándalo del “dieselgate” que ha durado una década y que ha sacudido a la industria automotriz.
El escándalo del Dieselgate explicado
El escándalo se centra en fabricantes de automóviles, incluidos Volkswagen y Mercedes-Benz, que utilizan software diseñado para hacer que los vehículos parezcan menos contaminantes durante las pruebas de laboratorio de lo que realmente son en la carretera. Estos “dispositivos de desactivación” permitieron a las empresas cumplir con los estándares regulatorios mientras continuaban produciendo vehículos con mayores emisiones en el mundo real.
No se trata simplemente de una cuestión de supervisión técnica: varios fiscales generales han declarado públicamente que el engaño fue intencional y tenía como objetivo dar a los fabricantes de automóviles una ventaja injusta sobre sus competidores. El verdadero costo de esta mala conducta recae sobre el público en forma de daños ambientales y riesgos para la salud.
Qué significa el acuerdo
El acuerdo exige que Mercedes-Benz pague sanciones a los estados por violar las leyes ambientales y los estatutos de protección al consumidor. Todos los estados menos dos (Arizona y California, que anteriormente llegaron a sus propios acuerdos) participaron en el acuerdo.
La propia Mercedes-Benz no ha admitido ni negado haber actuado mal, pero la sanción financiera marca una clara admisión de haber actuado mal. La compañía pagará los fondos del acuerdo a los estados afectados, que se espera que utilicen el dinero para financiar más programas de protección al consumidor y aplicación de la ley ambiental.
Por qué esto es importante
El escándalo del “dieselgate” ilustra cómo las corporaciones pueden priorizar las ganancias sobre la salud pública y la seguridad ambiental. El uso de dispositivos de desactivación no sólo engañó a los reguladores sino que también expuso a los consumidores a niveles más altos de contaminantes nocivos. Las consecuencias a largo plazo de este engaño incluyen un aumento de las enfermedades respiratorias, daños a los ecosistemas y erosión de la confianza pública en la industria automotriz.
El acuerdo envía un mensaje de que los fabricantes de automóviles serán responsables de engañar a los consumidores y a los reguladores. Este resultado refuerza la importancia de la transparencia y la conducta ética dentro del sector automotriz.





























