Para la mayoría de las personas, cerrar los ojos desencadena una presentación de diapositivas mental: la casa de su infancia, una manzana roja o el rostro de un ser querido. Pero para una parte importante de la población sólo hay oscuridad. Este fenómeno se conoce como afantasia : la ausencia de un “ojo mental”.
Si bien alguna vez fue una oscura curiosidad neurológica, la afantasia ha entrado en la conciencia pública. A medida que la investigación se expande, también lo hace una creciente comunidad de “pocos visualizadores” que hacen una pregunta fundamental: ¿Es el ojo mental un rasgo biológico fijo o es una habilidad que se puede entrenar?
El espectro de las imágenes mentales
La afantasia no es un trastorno, sino más bien una variación en la forma en que el cerebro humano procesa la información interna. Las investigaciones sugieren que las imágenes mentales existen en un amplio espectro:
- Altos visualizadores: Puede evocar escenas vívidas y de alta definición a voluntad.
- Visualizadores bajos: Vea contornos borrosos, colores fugaces o formas tenues.
- Afantásticos: No experimenta ninguna imagen visual y, en su lugar, a menudo procesa información a través de hechos, palabras o conciencia espacial.
Los estudios científicos han comenzado a ir más allá de las descripciones subjetivas (que pueden ser poco confiables) hacia medidas más objetivas. Por ejemplo, los investigadores han descubierto que las personas con afantasia no muestran la misma dilatación de las pupilas ni las mismas respuestas de miedo fisiológico cuando imaginan escenarios claros, oscuros o aterradores que aquellos con imágenes típicas. Esto confirma que la afantasia es una diferencia neurológica distinta, no sólo una cuestión de cómo las personas eligen describir sus pensamientos.
La búsqueda de “curas” y formación
Debido a que el término fue acuñado hace sólo 16 años, el campo del “entrenamiento en imágenes” está todavía en su infancia. Impulsados por comunidades en línea, muchas personas han recurrido a entrenadores no oficiales para intentar “desbloquear” su corteza visual.
Uno de esos entrenadores, Alec Figueroa, ha trabajado con docenas de alumnos, reportando “avances” que van desde ver colores fugaces hasta escenas completas. Sin embargo, la comunidad científica se mantiene cautelosa.
“Ninguna investigación ha evaluado completamente ningún método para mejorar las imágenes mentales”, advierte la neurocientífica Reshanne Reeder.
Si bien algunos informes anecdóticos sugieren mejoras, actualmente no existe evidencia revisada por pares que demuestre que el entrenamiento pueda alterar fundamentalmente la capacidad del cerebro para producir imágenes visuales.
Conciencia espacial versus detalle visual
Un matiz fascinante en la investigación de la afantasia es la distinción entre imágenes de objetos e imágenes espaciales.
Los neurocientíficos sugieren que el cerebro utiliza dos “corrientes” diferentes para el procesamiento interno:
1. Imágenes de objetos: La capacidad de ver los detalles, colores y texturas de un objeto (el “qué”).
2. Imágenes espaciales: La capacidad de comprender la posición, el movimiento y la disposición de los objetos en el espacio (el “dónde”).
Muchas personas con afantasia obtienen puntuaciones altas en imágenes espaciales. Puede que no “ven” una habitación en su cabeza, pero “saben” exactamente dónde están ubicados los muebles. Esto explica por qué algunos alumnos reportan una mayor sensación de orientación espacial (sentir el “espacio vacío” en una habitación) sin ver realmente una imagen visual.
La espada de doble filo del ojo de la mente
El debate sobre si se debe “arreglar” la afantasia está profundamente polarizado. Para algunos, como aquellos que desean ver los rostros de sus seres queridos fallecidos, la afantasia se siente como un déficit. Para otros, la falta de imágenes es un escudo protector.
Las posibles ventajas y desventajas incluyen:
- Posibles desventajas: Dificultad con ciertos tipos de memoria autobiográfica y posible “embotamiento emocional” o empatía embotada en algunos casos.
- Posibles ventajas: Una vulnerabilidad reducida a flashbacks de PTSD, alucinaciones visuales e imágenes mentales intrusivas y angustiosas.
Para muchos afantásticos, su forma de pensar no es un obstáculo sino un tipo diferente de fortaleza, que les permite centrarse más en ideas y emociones abstractas en lugar de distraerse con un flujo constante de imágenes internas.
Conclusión
Si las imágenes mentales son un modelo biológico rígido o una habilidad cognitiva flexible sigue siendo una de las cuestiones más intrigantes de la neurociencia. A medida que los próximos estudios pasen del asesoramiento anecdótico a ensayos clínicos controlados, es posible que pronto sepamos si el ojo de la mente realmente se puede abrir, o si la oscuridad es simplemente una forma diferente e igualmente válida de ver el mundo.






























